Ahora que te he dejado quererme

Todo lo que yo quisiera de ti, son esas cosas cotidianas, el olor de tu cuerpo, saber lo que piensas de cualquier cosa, de ti, de mí, de nuestro entorno. Que mires más allá de mi apariencia física, que me recuerdes con pasión, y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de libertad.
Cortázar

Ahora que no me queda ni la trampa ni el cartón,
que se me acaban las excusas para decirte que no.

A mí, que me gusta la franqueza, debo serlo más que nunca,

– ahora que te he dejado quererme-.

Y lo digo así, te he dejado,

porque uno no puede entrar si no le abren la puerta.

Ahora vas a tener que ir aprendiendo

de cada mecanismo que desencadena lo que soy.

– Ahora que te he dejado quererme-,

tienes que saber que hay varias parcelas que ya se han rellenado,

y a las que ya no vas a poder acceder:

La de volverme loca por primera vez,

la de creer en algo que simplemente estaba en estado gaseoso,

la que te hace sonreír sin más en medio de una reunión familiar.

Hay otras completas también que no me hubiese gustado visitar,

pero que- ahora que te he dejado quererme – tienes que conocer también.

La de saber en qué momento exacto se ha hecho añicos tu corazón por el amor que nunca va a ser,

la de cuando tu amor se va a medio mundo de distancia y tu corazón se queda en tierra,

la de saber que esa vez que se acabó, sí, fue culpa tuya.

Aún quedan trozos vacíos,

mi vista solo alcanza a ver hectáreas y hectáreas de momentos que compartir

– ahora que te he dejado quererme-.

Es solo que ya no puedo influir sobre los que otros se han quedado.

No te eches las manos a la cabeza,

pues – ahora que te he dejado quererme – sé muchísimo más de lo que sabía antes,

y si alguna vez dejas de quererme, al menos no será por no saber cómo haberme gestionado a mí misma.

Yo te aviso de antemano.

De las noches madrugadas que me levanto a por boli y a por este cuaderno,

de las vueltas en la cama,

de la respiración profunda cuando llego a casa.

– Ahora que te he dejado quererme-, por fin vas a descubrirme:

que todo este caos al final del día se hace miseria,

que vivir del revés sí que tiene sentido si te lo explico despacio,

que sufro por fin, y estoy preparada para ello.

Y ya te digo, vas a llevarte lo mejor:

las ganas de sentir pasión por algo,

el propósito de vivir siempre sin autocompasión,

y ya solo quererte, que no sea ni propósito ni ganas, solo será.

Y vas a tener que quererme así,

Porque – ahora que te he dejado quererme-,

Ya no vamos a poder querer de otra manera.

Ⓜ

Anuncios

Hormigas en perspectiva

Me permitirán ustedes retomar el blog: la semana pasada hizo un año desde que abrimos puertas y un año desde que empecé a tener menos miedo de decir lo que me diese la gana. Un año después esta entrada, que aporta algo realmente pequeño al mundo, está dedicada a MMM, porque me hace creer Goliat cuando me siento hormiguita, aunque ni ella misma se lo crea. Gracias por traer inspiración, miedos a despegar y noches donde vuelvo a coger boli y bloc…

Siempre hay un lugar donde se puede soñar otra vida; respirar otro aire; ser una persona diferente, aspirar a serlo, luchar por ello; donde puedes adelantar o parar los relojes si eso es lo que quieres hacer. Sólo tienes que creerlo.
Hola, me llamo Juliet y vivo cerca del mar. Me dedico al arte, pero no a crearlo, sino a expandirlo, ¿sabes? Tengo una galería. Yo no servía para crearlo.
Cuando abro la puerta de la terraza la brisa me estornuda en la cara, pero no pararía de hacerlo aunque tuviese mil años. Respirar aquí no ahoga.
A la derecha, como bien puedes comprobar, está la mesa donde J y yo cenamos siempre, porque aquí nunca es invierno, pero esa mancha que ves en el pico no se quita. Lo he intentado con todo, pero ya sabemos lo traicionero que es a veces el vino… No claro, la mesa no es de plástico, ¿me tomas por loca? El plástico no se mancha de vino, no…
Imagino que serán las ocho o así; los padres de esos niños ya están recogiendo las toallas y los rastrillos, y les están advirtiendo por quinta vez que liberen a su hermana, (es la pequeña, ya supones…), la enterraron en la arena hace un buen rato.
J no tardará en venir. ¡Ay, qué tonta! No te he hablado de J… Es mi marido. Sí. Ma-ri-do. Madre mía… Sí, al final nos casamos, aunque más bien lo logramos. Y cuando lo hicimos sólo sonreímos, ya no hacia falta decir nada a la gente que, no solo al principio sino también más adelante, nos dijo que no, que no tiraríamos para delante, que ni él era para mí ni yo lo que él buscaba. ¿Qué maldad, no? Alguien a quien no has pedido opinión juzga una relación de dos personas donde no está incluida y donde ni siquiera entiende el idioma que se habla ahí, dentro de él y de mí.
Es verdad que esto podría no haber salido bien, si… Pero aún así eso – ‘eso’ – ESO, solo ocurre una vez, buag… Lo sientes, vaya si lo sientes, sientes… Porque no hay nada comparable. Después de tantos años hay cosas que pueden ser obviables, a pesar de las creencias, de las convenciones sociales del mundo occidental, a pesar de usar las mismas gafas pero ver desde distintos ojos.
Ah.
Ya sabía yo que pasaría esto.
Me lío y me lío y nunca recuerdo que esto no hay que explicarlo a quien también lo comprende.
No os creáis eh. También me pasa esto las mañanas cuando me llama una amiga y empiezo de cháchara, acabo contándole mi vida en verso, (aunque en este caso a vosotros os ha tocado la prosa) y, joderrrrr… Se me ha vuelto a olvidar descongelar la sopa… Otra vez a comer pasta.
Hay un lugar donde somos dueños de nosotros mismos, y es un lugar tangible, siempre va con nosotros, allá donde vayamos, pero no es un lugar físico, porque la mente no se puede alquilar.
Aquí donde vivo tampoco hay mucho pesar ¿sabes? A veces imaginar un mundo mejor también tiene su abanico de posibilidades.
También tú puedes imaginar todos los tús que te de la gana.
¿Juliet también era pelirroja para vosotros?

Una historia pequeñita contada por ella

Le conmueve la idea de mirar al mundo desde una gran ventana. Muy alto. Y a su lado.
Fumarían strikes y sonarían los Strokes y, más concretamente, Someday.
Porque por mucho que quisieron, ni There’s a light that never goes out ni los Smith les gustaron nunca.
Su canción de ascensor fue Someday. Pero, definitivamente, pasaron más de 500 días sin estar juntos.

La gente se haría pequeñita, y ni siquiera se daría cuenta de todo lo que ocurre a 10 palmos de su ego.
Además, todo lo importante confluiría en ese puñado de metros cuadrados donde se movían más ágiles que el pez más chiquito del mundo si le concediesen un ático con esquina al mar para él solo.

Tiene gracia.

Tiene gracia porque es curioso como dos seres llegan a compartir tanta complicidad y tanta intimidad con solo mirarse a los ojos durante unas horas, medio tumbados en un sofá, uno frente al otro, con la cabeza ladeada.
Y cómo se llega a descubrir una persona que nunca habría aparecido en tu vida si el 99% de las casualidades del mundo no se diesen, y si ese 1% restante no fuese, netamente, locura sin filtrar.

Por supuesto, ella se quedó allá arriba. Y con ello arriesgó su integridad mental y todo lo que eso conllevaba.

Porque vio cosas de él en ella, y de ella en él.
Vio al hijo que nacería si Sabines y Fito Páez se follasen.
Vio crear magia.
Y vio poesía.
Vio eso de: “Encontrar a alguien a quien ames, y que a la vez te ame… Las posibilidades son mínimas”.

XY

A ti, con la intención de que, al igual que yo, encuentres esto una noche en la que te sientas perdido. Para que llores con él,  como lo hago yo cada vez que escucho tu canción.

A los que la sensación de perder nos azota solo tres noches al año, pero que son más devastadoras que sufrir los 365 días.

Este es Neruda, en su poema XX, en prosa; porque nada en el mundo expresa lo que quiero mejor que esto.

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: la noche está estrellada y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como esta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado aquellos grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo, sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como pasto al rocio. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido”.

To miss (someone that I used to know)

 

(La gente cambia. Los sentimientos cambian. Eso no significa que el amor una vez compartido no fuese verdadero y real. Simplemente significa que a veces cuando la gente crece, lo hace aparte).

Él malgasta el tiempo en encontrar otra chica como ella pero no podrá;
Y aunque nunca dará su brazo a torcer, muere si la ve.
La tregua, Vega.

Desaparecías durante todo el día y llegabas por la noche, siempre, pero lo hacías lleno de cosas nuevas, de planes donde ya no encajaba, rodeado de gente a la que ya no conocía.

Me perdía para mí, lo más importante, para ti, lo más secundario:

-Las nuevas conversaciones
-La nueva gente conocida
-El humor de esta mañana
-Si hoy: café o zumo
-La ropa que estrenas
-Los viajes planeados
-Los ‘No fumes tanto
-Las propuestas
-Los alimentos incluidos en la lista de la compra
-Los libros por leer

Retazos pequeñitos que iban haciendo que la vida desde donde te  contemplaba se desplazase hacia recovecos donde ya no sabía quién eras.

Toda esta mezcla de sensaciones conjuntas, en el segundo que tarda en llegar una notificación.

Eso es para mí Echar de menos.