Clocks

Aquí estoy.

Viviendo conmigo y tildando las G.

Desprendiéndome del cuerpo como si ya no fuese mío,

Al menos en su totalidad.

Pasando calor y dándome el sol como siempre ha hecho,

Pero como nunca.

Buscando todas las X a despejar que tanto me enmarañas.

Pero, si tengo que andar buscando X, ¿cómo sé que están enredadas?¿Dónde están las X que me pertenecen?

Me parece que aunque sean mías, no las tengo yo.

Pues vaya gracia vivir así,

Pasando el tiempo y que nunca deje de pasar.

Por que nunca deje de pasar.

Va a resultar que al final todos los caminos llegaban a donde tú quisieras ir.

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Algo de luz

My mind is racing and my feet are moving slow. Look all around me, don’t see anything I know. I’d like to answer you but I can’t clarify if I’m a hundred miles ahead or a hundred miles behind.

100 miles – Catie Curtis

Llámalo X o llámalo “vaya cojonacos tiene el ser humano”, pero la cuestión es que siempre encuentra uno el momento oportuno de ideas cuando más inoportuno le parece. Y todos sabemos que a las ideas hay que darles forma.

Hace ya dos días que estoy sentada en mi escritorio tecla por tecla de noche desde las 12 de la mañana, porque por aquí no ha asomado luz ni se la espera, y no paran de venirme flash back y cosas que tengo ganas de hacer. No… que quiero hacer. Me parece que mi etapa de cambio está empezando a mutar un poquito. Quizás ahora me convierta en esa clase de persona que hace lo que le apetece y no lo deja para mañana… aunque pensándolo bien, estoy haciendo un trabajo tres días antes de exponerlo cuando podría haberlo hecho perfectamente meses antes… en fin, consejos vendo.

Cuando oyes hablar a la gente, toda coincide en que tuvo una época muy feliz. Pensando en esto ayer mismo, pensaba en la mía y no la encontraba. Y de repente me acordé de un momento con dos amigos hace algunos años (tantos años que uno ya no lo es) cuando, como suele decirse, éramos demasiado jóvenes, y hablábamos de la ciudad que “pegaba” para nosotros, la ciudad en la que el cuerpo te pedía estar. Y hoy, (bueno, ayer), recuerdo ese preciso momento (un poco borrachos, la verdad) como un momento de película, que perfectamente podría haber estado inserto en una serie de adolescentes americana. Bueno, y esa noche en general. Recordándolo ayer me di cuenta de que ahí sí que era feliz, era totalmente libre, no pertenecía a ningún sitio. A pesar de que llegué a estar en la ciudad a la que en ese momento creía pertenecer, hoy no lo hago, pero realmente no me importa en este preciso momento, con tantos años de cambios; incluso me alegro de estar donde estoy, de pillarme a un paso momentos que no me querría haber perdido por nada del mundo, y de haber evitado la desesperación de coger un tren lejos de casa en los dos momentos más traumáticos de mi vida que están haciéndome ser quien soy hoy. Quizás todo pasa por algo y deberíamos ser más conformistas y aceptar lo que el destino quiere para nosotros sin ponerle trabas.

Como me decía algunas semanas atrás, estoy notando el cambio que mi cuerpo y mi alma están teniendo en estos días, cambios tangibles y estados de pérdida absoluta de mí misma. A partir de ayer creo que algo está cambiando, y no sé por qué, ni me preguntéis, o a lo mejor esto solo dura un par de días, pero tengo ganas de hacer cosas, tengo ganas de reencontrarme conmigo, tengo ganas de vivir momentos como el de las ciudades, y tengo ganas de reír de verdad, pero creo que eso sucederá dentro de bastante tiempo. Partiendo de la base de esta yo, me estoy dando cuenta de lo increíblemente egoísta que estaba siendo, conmigo y con los demás, y también me estoy dando cuenta de lo egoísta que a veces se es conmigo. Cuando una persona está mal no se le puede pedir que deje de estarlo a la semana siguiente, no se le pueden pedir explicaciones ni animarla a bailar con más ganas; simplemente tienes que estar a su lado y apoyarla para que su nuevo despertar lo haga con la seguridad que supone que tú estarás a su lado. Yo nunca antes había pensado así, pero juro que a partir de ahora intentaré juzgar menos, aunque cada vez lo haga a poquitos.

Quizás ahora me convierta en esa clase de persona que si se promete salir por la mañana, no se queda en la cama durmiendo. Aunque tenga miedo de hacerlo sola o aunque me muera de ganas por que me acompañe alguien que al final no va a querer. Se me está llenando la mente de momentos que quiero cumplir. No quiero que pase más tiempo, ni más años. Quiero cumplirlos durante estos meses. Quiero comprarme las gafas de sol graduadas, y no quiero dejarlo para el año que viene. Quiero no pasar por alto situaciones que me duelen, y hacerlo saber, aunque eso suponga ser más sincera conmigo misma y más cabrona con el resto del mundo. Quiero pintarme los labios de rojo desde por la mañana, por mucha pereza que me dé. Quiero sonreír desde por la mañana y quiero hacer feliz a los que tengo a mi lado. Quiero dejar de guerrear por cosas inexistentes y empezar a ver el lado bueno de las cosas, aunque eso suponga algo casi imposible dada mi personalidad y mi habilidad para crear conflictos verbales con la finalidad de que nadie se quede varado en una orilla de una playa diminuta teniendo todo un océano de posibilidades. Quiero dejar de tener miedo a minucias, y es algo que estoy empezando a practicar: cuando has conocido lo peor, el miedo es una mierda. Y cada vez digo las cosas más claras, aunque eso suponga o un rechazo o una risa. No quiero perder el tiempo. Y, sobre todo, como decía el “bueno” de Ben Affleck en Pearl Harbor: Eso es lo que quiero, que permanezcas en mi cabeza, quiero saber que me espera la mejor etapa de mi vida, y que yo voy a estar ahí conmigo para hacerla realidad, y quien quiera estar también está invitado.

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Me van a presentar a mí misma

Nunca en mi vida llegué a pensar que esta misma (la vida) pudiese presentárseme tal que así, tan dura, tan frágil, tan entre los dedos. Cada vez que pienso que quedan unos poquitos escalones para volver a ser yo, me bajan hasta el fondo de nuevo.

Cuando después de toda esta travesía a la que aún le queda mucho tiempo por terminar, por fin llegue a la superficie de mi verdadero ser, voy a enfrentarme a cosas mucho más duras que cualquier día a día. Voy a tener que presentarme a la nueva yo, y voy a tener que convivir con ella lo quiera o no lo quiera, porque no la conozco, no sé cómo va a ser. Ahora mismo no logro percibir ni un atisbo de la persona en la que me voy a convertir cuando este proceso acabe.

El proceso sí que lo noto. Me parece increíble que llegue a sentir cosas como un cambio, pero lo hago; supongo que esto también deriva del hecho de ser humana. Parece que todo lo vivido A.H. (antes del huracán) no hubiese existido ni hubiese importado. Este huracán ha sido tan fuerte que lo ha barrido todo: nunca antes sufrí más, nunca antes viví menos. Es increíble e impactante a la vez, pero aun en el momento en que estoy escribiendo esto noto ese cambio, ahora mismo está en mi espalda, luego recorrerá la tripa y volverá a la espalda, porque se ha alquilado la parte izquierda. Y ahí está: mi cambio no es una metáfora, es tan tangible como que me tengo que lavar el pelo en media hora.

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Ahora que te he dejado quererme

Todo lo que yo quisiera de ti, son esas cosas cotidianas, el olor de tu cuerpo, saber lo que piensas de cualquier cosa, de ti, de mí, de nuestro entorno. Que mires más allá de mi apariencia física, que me recuerdes con pasión, y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de libertad.
Cortázar

Ahora que no me queda ni la trampa ni el cartón,
que se me acaban las excusas para decirte que no.

A mí, que me gusta la franqueza, debo serlo más que nunca,

– ahora que te he dejado quererme-.

Y lo digo así, te he dejado,

porque uno no puede entrar si no le abren la puerta.

Ahora vas a tener que ir aprendiendo

de cada mecanismo que desencadena lo que soy.

– Ahora que te he dejado quererme-,

tienes que saber que hay varias parcelas que ya se han rellenado,

y a las que ya no vas a poder acceder:

La de volverme loca por primera vez,

la de creer en algo que simplemente estaba en estado gaseoso,

la que te hace sonreír sin más en medio de una reunión familiar.

Hay otras completas también que no me hubiese gustado visitar,

pero que- ahora que te he dejado quererme – tienes que conocer también.

La de saber en qué momento exacto se ha hecho añicos tu corazón por el amor que nunca va a ser,

la de cuando tu amor se va a medio mundo de distancia y tu corazón se queda en tierra,

la de saber que esa vez que se acabó, sí, fue culpa tuya.

Aún quedan trozos vacíos,

mi vista solo alcanza a ver hectáreas y hectáreas de momentos que compartir

– ahora que te he dejado quererme-.

Es solo que ya no puedo influir sobre los que otros se han quedado.

No te eches las manos a la cabeza,

pues – ahora que te he dejado quererme – sé muchísimo más de lo que sabía antes,

y si alguna vez dejas de quererme, al menos no será por no saber cómo haberme gestionado a mí misma.

Yo te aviso de antemano.

De las noches madrugadas que me levanto a por boli y a por este cuaderno,

de las vueltas en la cama,

de la respiración profunda cuando llego a casa.

– Ahora que te he dejado quererme-, por fin vas a descubrirme:

que todo este caos al final del día se hace miseria,

que vivir del revés sí que tiene sentido si te lo explico despacio,

que sufro por fin, y estoy preparada para ello.

Y ya te digo, vas a llevarte lo mejor:

las ganas de sentir pasión por algo,

el propósito de vivir siempre sin autocompasión,

y ya solo quererte, que no sea ni propósito ni ganas, solo será.

Y vas a tener que quererme así,

Porque – ahora que te he dejado quererme-,

Ya no vamos a poder querer de otra manera.

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Sigo haciéndome humana

Una espera como esta no es fácil. Yo la afronto escribiendo, para mi siempre fue la mejor manera de separarme de la realidad.

Los seres que me llenan, Mikel Izal.

Qué razón lleva… qué razón lleva todo el mundo, cuando te dicen

que el corazón siempre sana solo cuando ha pasado el tiempo necesario

que el rimmel desaparece solo si te desmaquillas a conciencia

que la sopa se enfría siempre y cuando remuevas y soples a la vez

que la rutina se coge solo cuando entrenas la mente a despertar

que esa almohada que en un momento te parecía demasiado baja, se acomoda a ti cuando llevas un tiempo durmiendo sobre ella

que para cambiar solo hace falta no hacer lo mismo

y que el tiempo pasa… solo si dejas que pase por ti.

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Rengarce

If I could start again
A million miles away
I will keep myself
I will find a way

Hurt, J. Cash

La vida no te espera. Sigue haciendo las mismas cosas cada día y a cada hora. Los autobuses siguen saliendo a las siete, las tiendas siguen abriendo a las diez, y por mucha prisa que te des, en invierno sigue anocheciendo a las seis y cuarto aproximadamente. Los turnos del trabajo siguen fluyendo, los ascensores siguen soportando las fotos en sus espejos, la comida caduca y el pelo se ensucia. No le importan tus circunstancias, si hoy te has levantado más tarde, si sufres o si te has manchado con pasta de dientes a última hora. La vida es la que es. Por eso te hace reengancharte, ir a trompicones. No llegamos a la vida, la vida nos llega.

Y, paradójicamente, aquí estamos, esperando que a la vida le dé por llegar, si es que quiere.

Cuando a la vida le cuesta llegar no podemos darle un empujón. Ese tiempo vacío te destroza, como quien nunca sabe si era hoy o mañana cuando alguien quedó contigo a tomar café; tienes que parar la vida e intentar reengancharte. Es un espacio de incertidumbre.

La incertidumbre convive con la vida en sincronía, pero nunca llega a juntarse con esta; son dos líneas paralelas, y la vida nos va moviendo de una a otra.

La incertidumbre, a la que a partir de ahora llamaremos Y, es lo que te queda cuando un día o un puñado de ellos la vida no te espera, decide que mejor te aparca un rato, que tiene demasiada gente de la que ocuparse. Y tú sigues viviendo: sigues andando por la misma calle, sigues escuchando la misma música, sigues escribiendo con los pies fríos… Solo que como un autómata.

Puede que a la vida no le dé la gana de volver, puede que sigas ahí sentado esperando por ella… Y ahí es donde te consumirá un poco más, porque tú, a quien la vida no esperaba y le parecía que iba demasiado deprisa, estás esperando a la vida, y parece que no llega.

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