Cosas que le diría a la MC del pasado

Y de pronto me acordé de lo ancho que era el mundo, y del abanico de esperanzas y miedos, de sensaciones y aventuras que aguardaban a quien tuviera el coraje de lanzarse en su espesura, desafiando peligros, en busca de vida y conocimientos.

Jane Eyre, Charlotte Brontë

«Anda nena, ven aquí y siéntate, que te hago un huequito, ¿ves? Las dos juntas cabemos divinamente. Hoy voy a decirte unas cuantas cosas respecto a ese tema del que no paramos de dar vueltas.

Y ahí va la primera: ya basta. Ya basta de martirizarse. Y no me vengas con cuentos, que ese supuesto malestar que te entra de repente a mí no me la da. La ansiedad la vamos controlando poco a poco… y además compramos ese maravilloso libro sobre mindfulness que espero que ya hayas leído… (…).

Lo de practicar la atención plena y lo de martirizarse, como te iba diciendo, pues como que viene a ser un poco lo mismo. Me explicaré mejor.

Hay que centrarse, y no olvidar, en los dos casos. Pero tampoco me vale que estés recordando todo el rato aquello tan jodido que nos pasó. Necesitamos pasar página, ¿qué cómo se puede pasar página cuando quieres leer la misma toda la vida? Pues yo esperaba que me lo explicases un poco mejor tú.

Lo primero y principal en lo que hemos focalizado estos meses ha sido en aprender a asumir que tú también puedes fallar. ¿Lo ves, MC? Si estuviésemos en Pretty Woman te habría tocado ser Richard Gere diciendo todo el rato que le costó muchos psicólogos aprender a decir “Hola, me llamo Edward y estoy furioso contra mi padre” y lo vuelve a repetir porque le sale mega bien, solo que cambiando la frase por “Hola, me llamo MC y he asumido que yo también puedo fallar”.

Perdonas los fallos de los demás, sabes que sigue siendo la mejor manera de aprender, pero tú y yo sabemos que en ti no te los permites. No, no me vengas con milongas, LO SABEMOS.

Si el fallo es gordo, más.

Si el fallo es gordo y los demás lo consideran una minucia, aún más.

Si el fallo es gordo y sabes que no lo puedes olvidar y tienes que aprender a vivir con él, aún más.

Todo esto te lo digo porque te afectaba directamente a ti. No va a condicionar la vida de los demás ni de otra persona. Estás creciendo (y te estás haciendo cada vez más rara, por cierto, que te piensas que no, pero lo sé, admiro enormemente eso de ti) y los lastres a tu edad marcan mucho.

Sé lista. No te pido que actúes con madurez, vaya tontería… sobre todo porque sé que aunque lo pidiese, será más probable que fueses ministra de economía de la siguiente legislatura. No. Sé lista. Sé inteligente. No dejes que todo lo que tú eres se derrumbe porque no has sabido gestionar una reacción.

Yo te espero aquí, como cada tres meses, cuando te venga la inspiración. No eres perfecta. No trates de serlo. Y ahora, cuando otra vez vuelvan las pesadillas y las ansiedades tontas y no tengas ningún pañuelo a mano que apretar en la mano izquierda, te lees esto, que algo más fácil va a ser imposible. Inspiras, expiras, te vuelves a preguntar por qué cincuenta veces, te tomas un té y vuelves a retomar tu vida, ¿vale, MC? Tus errores no valen más que los de los demás.

xxx

Posdata: Deshazte de ese sujetador infernal que te hace la vida imposible.

Posdata 2: Toma más azúcar (PERO SIN REFINAR, EH) que tienes la tensión por los suelos.

Posdata 3: Deja de esperar reacciones que tú esperarías de los demás. Seguro que ganas en calidad de vida.

Posdata 4: Aunque no lo creas, EL PELO VUELVE A CRECER A SU RITMO NATURAL.»

Ⓜ

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