La M antes del huracán·Ser mujer

Ser mujer (II): “Fabulosas y difíciles”

Gracias por los consejos que me das

Por olvidarme si te vas

Por no quererme un poco más

Gracias por esas cosas que no se pueden contar

Gracias por caminar siempre al revés

Por derretirte si me ves

Por alargar ese momento…

Despistaos

Cada día me resulta más difícil ser mujer. ¿No os pasa? Sí, chicOs, ¿no os pasa? Abrimos el ojo a horas no católicas y lo primero que decimos es: ¡Uh, qué difícil me resulta ser mujer hoy! Claro, si eso lo repetimos cada día durante un mes, está claro que el último día será el más difícil porque habrá conllevado otros 27-29-30 ¡Uh, qué difícil es ser mujer!”

A menudo me pregunto sobre esas pequeñas dosis que se crean en mi cerebro cada 23 minutos sobre lo difícil que me está siendo la vida en ese momento. A ver, vale, la gente no quiere escuchar cada 23 minutos cómo te quejas, pero eso nos lo tenemos que comer nosotras solitas y escucharnos cada 23 y… Qué difícil es ser mujer, copón.

Pues bien. Con la poca precisión que me caracteriza, voy a resumiros los dos momentos en qué lo es aún más difícil. (Dificiliest) (NO, EN SERIO. NO, NO, EN SERIO) (Se acabó el momento cómico del post y con él mi dignidad).

De veras estoy completamente (bueno, no tanto, basta de exagerar MC… un 86%) segura que ¾ del sexo masculino no tienen tantas preocupaciones como nosotras. No quiero ser ni cínica ni altiva en este aspecto, mucho menos superficial, pero conservar unas uñas bien pintadas durante unos cuantos días es MUY complicado. Y más si vives sola; lo que conlleva fregar unos 2000 platos (DE LOS QUE CARECES) y unas 300 horas (DE LAS QUE VUELVES A CARECER) al día. No, en serio. No, no, en serio.

Por suerte tengo la solución: *voz de teletienda ON ¡¡¡¡LOS GUANTES DE LÁTEX!!!! *Voz de teletienda OFF. No, en serio. No, no, en serio. Seguramente ahora mismo pensaréis que soy la persona más estúpida del mundo, pero usar guantes para fregar ha cambiado mi vida… No sé, ahora no me tengo que preocupar por pintarme las uñas cada dos días, y eso, teniendo en cuenta mi estado nervioso últimamente, es mucho para decir en mi favor.

Luego viene el momento de las compras y de empatizar con MC. [Si tú también las odias, eres bienvenida y puedes ser mi mejor amiga a partir de… YA]. Dios mío, qué desasosiego existencial me produce una tremenda y asquerosa tarde de compras… Lo odio tanto que ha llegado el verano y me he quedado solo con ropa de invierno.

[La autora aclara que para el momento de la publicación de este post ese tema ya estará solucionado y no estará vistiendo ropa de invierno a 32º. Gracias por su paciencia. Manténgase a la espera].

Pero hay que ser realistas, la ropa es absolutamente necesaria para estar fabulosa. Y eso los hombres no lo entienden. Bueno, en realidad, los que visten mejor que yo sí que lo entienden. Pero lo entienden porque les gusta estar fabulosos, y en realidad son chicas.

He pasado conscientemente del tema sobre probarse la ropa y los probadores porque no es nada fabuloso, y porque me parece una realización del demonio. Porque la ropa se escoge a ojo de toda la vida, no metiéndote en un cuchitril de 2×2 donde mi espaRda no me deja ver los pantalones que me estoy probando. NO. Siento no gastar talla 34 para que quede espacio vital a mi alrededor dentro de ese maldito infierno y siento no apreciar unas instalaciones que dedican más zona construible a tres maniquís guarros que nadie mira que a hacer un maldito probador decente. Por lo tanto, yo siempre aconsejo que entre dos pantalones que parecen iguales (PERO NO LO SON. Eso las chicas sabemos diferenciarlo.) nos llevemos ese que nos da el pálpito que va a estar de acuerdo tanto con tu muslamen como con tu trasero. La perfecta combinación, la media naranja, tu amor verdadero… pero de una cadena de Inditex.

Hasta aquí la reflexión estudiada de hoy.

Porque no hay mejor sensación que ver que tus uñas siguen intactas a pesar de hacer el 2349830tiple de cosas que los hombres.

Porque al final del día solo recordaras el momento de probarte, en tu casa y descalza sin riesgo de contraer sífilis en los pies, esos pantalones que escogiste y ver que sí, llevabas razón, te hacían un trasero espectacular.

 Y sí, porque ahora las tortitas de Bicentury traen la cara de Jordi Cruz. Y eso, queramos o no, también es un síntoma al final del día para decir que ya te resulta un poquito menos difícil ser mujer hoy.

*Fabulosa: palabra favorita y más utilizada en este post.

A mí ya, de antemano, me cuesta un poquito menos…

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