La M antes del huracán

Lo que me gustará un Abril…

 

Estoy delante de puertas que se abren durante una fracción de segundo y luego vuelven a cerrarse , pero que permiten desvelar lo que se esconde tras ellas: los tesoros, las trampas, los caminos no recorridos y los viajes jamás imaginados…

El Aleph, Paulo Coelho.

Después de dedicarme a la vida contemplativa durante un mes… Hola. He vuelto. Sigo siendo @dookkiee aunque no lo parezca. Y he vuuuuuelto porque Abril mola tanto que estoy a punto de explotar y convertirme en polvo de estrellas doradas, porque estoy preparando cositas nuevas que me molan y por el motivo que hoy aquí nos recoge: el día del libro. (A ver, todos sabíamos que este momento iba a llegar, no nos hagamos los tontos). Que sí, que también, que hoy no es el día del libro, pero mañana es la cervezada de letras y todo el fin de semana San Jorge, así que nos viene tan bien tanto a mi como a vosotros que este #post se publique hoy, no?

Bien. Os cuento.

Nací. Crecí como pude. Y aquí sigo quejándome. / En estas tres etapas tan importantes siempre he estado rodeada de libros, más por suerte que por desgracia, todo hay que decirlo. Mi mami trabajó y trabaja en una biblioteca, y crecer hija de bibliotecaria ya me dirás tú… yo de ciencias no podía salir de ninguna de las maneras. Quiero llegar a este punto porque para muchos el día del libro puede ser un día al año que se puede diferenciar un poco más del resto pero que definitivamente no lo es para mí. A ver si me explico.

Soy de esas pocas personas en el mundo que nos dedicamos a amar los libros de manera poco convencional.
Hasta los 13 años siempre me regalaban libros en navidad, cumpleaños… you know, y me quejaba máximo porque no podía comprender que, para algo que quería, que era la cabeza de una muñeca para peinar, confundiesen a ‘Chelsea’ con su derivado de raza negra, y que cuando pedía a la muñeca entera, en lugar de a ‘Chelsea’ me trajesen a la rubia. Yo, que era una señorita respetable y callada por esa época no me quejé, pero que de tres muñecas nunca me trajesen a la que yo quería me dolió, he de admitirlo. Porque que Papá Noel se confunda de muñeca y te traiga a la muñeca equivocada duele mucho, pero eso ya lo dejamos para la sección navidad.

[Me he ido. Suponía que esto iba a pasar].

Ah sí. Que me quejaba máximo porque con algo que yo quería nunca acertasen, pero que para nunca abrir la boca de, ‘ojalá papá Noel me traiga este libro’, siempre caía. No fallaba. Y yo, que no quería libros, venían en cantidades ingentes en Navidad, mi cumpleaños, el día del libro y el regalo de final de curso que nunca tuvo utilidad. Ale, echad números, que yo soy de letras. Claro, ahora mi madre se me queja porque la estantería donde estaban esos libros que nunca pedí se ha venido abajo, ha dejado media casa inutilizada y la culpa la tengo yo porque no he hecho limpieza… EJEM. MAMÁ. LA MUÑECA SE LLAMABA CHELSEA.

Pero luego, no sé en qué momento, ese concepto cambió. Quizás porque leer los tochos que leía a los 14 años animó mucho el cotarro. Y hoy en día, (y no miento, ni nada de lo que está aquí es puro relato,) cada vez que compro un libro, me callo como una señora de esquina porque la mayor bronca me viene por llenar de libros un espacio habitable de X metros cuadrados donde solo vivo yo… Y digo yo, pues como si me quieren sepultar, la que se lleva el daño soy yo, ¿no, mamá? (CHELSEA).
En serio que parece mentira que muchas broncas me han venido por leer demasiado, siendo defendida a capa y espada por esas abuelas que siempre dicen: ‘pues deja a la chica que lea’.

I ❤ 👵👵

Como decía hace unos párrafos, yo no podía haber salido de otra forma… Estudio la carrera de letras más letrosa que se puede encontrar dentro del ámbito persona normal (porque la filología clásica todos sabemos que no es opción viable para nadie de la generación 90) y estoy predispuesta a moverme en el ámbito filológico tanto como pueda hasta que me den la incapacitación por zaleo que yo calculo que será hacia los 36. Tengo más de 300 libros en formato pdf y no he contado los físicos. Y este año me voy a regalar libros por supuesto para San Jorge. (Bueno, que me regalé, porque está visto que siempre lo hago 3 semanas antes). Además, siempre compro al menos uno al mes. Me es más imprescindible que unos vaqueros y los vaqueros me hacen falta, que queréis que os diga. Siempre llevo uno en el bolso. Porque nunca se sabe cuándo vas a tener un rato para perderlo.

Además hace poco leí una entrevista a Silvia Querini que no me hizo más que sonreír a cada respuesta: (http://www.jotdown.es/2015/02/silvia-querini-una-de-las-leyes-fundamentales-del-mundo-de-la-edicion-es-la-discrecion/).
Resumiendo muy por encima, venía a decir que, a tenor del precio del libro en sí, la mayoría de la gente no compra libros porque piensa que son caros o asegura que lo son, pero había colas más largas que para ver a Ylenia de bolo para adquirir el IPhone 6 por unos más que ‘rentables’ 999€. Mi concepto cambió bastante, qué queréis que os diga, y más si trata de un futuro que cada vez se va viendo menos lejano…

Y con esto no estoy diciendo que esté mal comprarse el IPhone 6 por 999€ (porque cada uno hace con su conciencia lo que le da la gana), ni que compréis libros para.. (Bueno sí).

Feliz día del libro, por el placer del libro en sí.

Ay lo que me gustará un Abril…

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