La M antes del huracán

Bicongruencias

Verás, la chica de 17 años que habita en mí se enamoró de tus ojos silenciosos.Imagino que se veían igual cuando te convencieron de tu propio quebrantamiento.

Imagino que tus pestañas escribieron antologías cada vez que besaron tus mejillas;

Quizás por eso oí un siglo de voces cuando callabas.

Cada parte de ti calló sinfonías cuando nos tocamos y me encontré queriendo ser músico de nuevo”.

Cuando el tiempo no es el correcto, tampoco lo es el hombre.

Aman Batra.

 

Siempre he querido hablar sobre esto. La primera vez que me vino a la cabeza lo escribí corriendo en la aplicación de ‘notas’, como si el tema fuese tan difícil de recuperar o anti-cotidiano que debiese ser guardado como algo valioso. Eso fue ya hace más de tres meses.

Otros días intenté empezar a escribir sobre el tema, pero siempre me quedaba anclada en un párrafo y medio; (está cientificamente demostrado que si te bloqueas, no pasas del párrafo y medio). Me pasaba, como a más de media humanidad supongo, que sabía lo que quería contar y lo que quería expresar, pero no sabía cómo hacerlo.

Pero hace unos días encontré la frase que titula al poema de arriba “Cuando el tiempo no es el correcto, tampoco lo es el hombre” en una publicación cualquiera en Facebook. El post se titulaba algo así como ‘Unos poemas que harán que te enamores de la poesía’ (Si lo encontráis, pasad de él, no merece la pena). Se suponía que debía enamorarme de la poesía, pero en él no aparecía ni Neruda ni se mencionaba nada de lo de ‘Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos’… o a lo mejor es que yo ya estaba enamorada de la poesía y no me había dado cuenta.

La cosa es que en uno de esos poemas con poder enamoradizo, encontré: “Cuando el tiempo no es el correcto, tampoco lo es el hombre”, y el título encajó perfectamente con la nota escrita hacía más de tres meses donde ponía: No te voy a engañar, me gustan las segundas oportunidades.

A menudo, en el día a día de la gente con la que interacciono, me pasa que hablamos siempre de política (no mintamos, a todos nos gusta creer que podemos arreglar el mundo), situaciones inverosímiles (o seguir hablando de política utópica) y de las segundas oportunidades, y nuestras conclusiones, como en la mayoría de los (pre/post)-adolescentes, es única y concisa: No se debe dar una segunda oportunidad; pues ya hubo una opción para no fallar, (como si cada uno de nosotros fuésemos seres concebidos de seres mortales y dioses del Olimpo; semidioses vamos).

Siempre me quedo intrigada en el tema, y cuando vuelvo a casa me doy cuenta de que eso no es lo que yo realmente siento.

Por gracia o desgracia, estoy incluida en ese saco de gente patosa que siempre la lía parda aunque el cosmos se alíe con todos los asteroides habidos y por haber, (incluido el B612) para que un momento salga bien. Sí, siempre la lio y luego me pongo como un tomate cherry (pero eso ya es más 74% genética del color de mis mofletes).

Quiero decir que, al ser patosa, casi siempre he necesitado una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. Es por eso que existe Julio, Septiembre, las recuperaciones o los exámenes extraordinarios, para que con 21 años yo no siguiese intentando aprobar la tecnología de 3º ESO; (Que, por cierto, desde aquí hago un alegato en mi persona y entre las que lo sufrimos: Si los letrosos tenemos que sufrir tecnología y matemáticas, propongo que también incluyan el latín, para que así suframos todos por igual, y que no existan excusas tipo ‘es una lengua muerta’, ‘nadie habla latín’, porque los de hispánicas sí que vamos a acabar muertos con esto del latín y la cultura clásica. Y a mi la tecnología me ha servido para…

Para nada).

Eso por una parte.

Si las segundas oportunidades no existiesen, a mí me faltaría sobre el 42% de mis amistades; porque nadie somos perfectos y las relaciones platónicas sin problemas no existen.

Pero sobre todo, creo en las segundas oportunidades dentro del concepto Amor, porque, simplemente, “Cuando el tiempo no es el correcto, tampoco lo es el hombre”. [¿A que la frase, aún repetida hasta la saciedad, no parece la misma en cada párrafo que pasa? A mi me sigue pareciendo un eslogan brutal.]

¿Cuántas veces echáis la vista atrás y decís: si ahora estuviese ahí haría las cosas de manera diferente? Yo puede que cambiase 2’7/5 partes de mi vida, pero si lo hiciese, aparte de ganar unas poquitas cosas, perdería muchísimas más.

Es ese tiempo que pasa, años incluso, en que pensamos en todo lo que haríamos diferente, donde aparecen las segundas oportunidades que, definitivamente, son una absoluta mejor opción para hacer las cosas bien.

No creo en la predestinación, creo en las afinidades. Creo que nadie ha puesto una media naranja en el mundo y nos ha dejado que la busquemos, (sobre todo si vives solo y tienes que hacer la compra dos veces a la semana – poner una lavadora de oscuro, otra de blanco y otra de color – y hacer sábado los sábados). Es métricamente imposible. Lo que no lo es, es elegir a alguien. Y quererlo, y querer hacer que funcione, y ceder. Ceder.

Cuántas veces nos hemos cruzado en la vida con LA persona, con la persona que eliges, no a la que perteneces, pero las circunstancias no lo han hecho posible. El amor no es suficiente, lo siento. Más de la mitad de la batalla son las intenciones y las ganas. Pero sí creo que se debe luchar para que esas circunstancias sean favorables.

Cerca de ese día de los poemas, encontré también este:

 

El amor es mirar lo de ayer con ojos de hoy,

Querer que las cosas vuelvan a ser igual cuando tú ya no eres el mismo,

Como si se pudiesen reciclar los suspiros

O dar un mismo beso por segunda vez.

Los mudos no gritan, los sordos no ven la música,

Con las cinco letras que se escribe TARDE

No puedes escribir AHORA,

El amor que fue, ese nunca vuelve”.

  • Errores de cálculo en la mirada. Marwan. –

 

Pero, ¿quién leches quiere hacer las cosas como para que vuelva el amor que se fue? Nadie. Si se fue, bien ido marchó. Os repito: debemos mejorar, hay otra oportunidad en juego. Si algo no funcionó, por muy seguros que estemos de que hicimos las cosas bien, hagámoslas diferentes. Tienes una segunda oportunidad, no la desperdicies en algo que sabes que va a fallar; tienes un 50% de margen de error.

Además de todo esto, ¿cuántas veces te has decepcionado a ti mismo? Otra vez me uno al YO, MUCHAS. Y ahí sí que no hay alternativa, tienes que darte una segunda oportunidad, porque tienes que dártela por ti.
…Yo, todas las oportunidades que me he dado han merecido la pena, y si no lo han hecho, las he cambiado para que lo hiciesen. Porque son mis decisiones, y nadie más es responsable de ellas.

En 2010, Jonás Trueba dirigió una cosa gratamente coherente en ‘Todas las canciones hablan de mí’:  (https://www.youtube.com/watch?v=pyjiq04eNgE) (Algunos ya amábamos a la Lennie antes de su corte de pelo Bob y de su, merecidísimo, Goya.)
“…Si uno no dejase nunca a nadie no tendría espacio para lo nuevo. Evolucionar constituye una infidelidad: a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Cada día tiene que tener al menos una infidelidad esencial, una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador… Garantizaría la fe en el futuro. UNA AFIRMACIÓN DE QUE LAS COSAS PUEDEN NO SER SOLO DIFERENTES, SINO MEJORES”.

Me gustan los cambios, y estos son solo realizables si se aprende de fallos previos.
Al final no te he engañado, me gustan las segundas oportunidades.

Y me gusta la poesía…

…Y los pelos de loca. Los pelos de loca también me gustan.

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