La M antes del huracán

About little things

“Porque si vale la pena volverse loca de amor por alguien, es por ti, como bien dijiste una vez en Nueva York.

Yo te prometo seguir a tu lado, acariciar tu pelo para que te duermas antes que yo y quererte con esa locura tan adolescente que se abre paso dentro de mí cuando te miro”.

Alguien como yo, Elisabet Benavent.

¿Os habéis planteado alguna vez qué pasa con esos pequeños detalles que no cuestan dinero (y no me refiero a un regalo que no sea comprado) (y tampoco hecho a mano joder, nada de regalos ¿ok?), que se hacen por otras personas y de los que ni siquiera nos damos cuenta pero que calan mucho más que cualquier frase mal dicha porque se hacen sin pensar, de forma cotidiana?

Yo tengo un sentimiento de amor-odio con ellos. Es decir, me encantan, me encanta la rutina que suponen, me encanta esperarlos porque sé que van a ocurrir; pero los odio porque son unos pequeños hijos de puta, porque en ese microsegundo en el que ocurren te desbaratan, te sacan de la zona de confort, son dañinos y ellos lo saben y además les gusta serlo. (Propongo que pongamos a esos pequeños detalles en la palestra y luego, inmediatamente después, a Mariló Montero) (Cómo odio a esa mujer, señor).

A estas alturas de la vida no sé si estoy a favor o en contra de ellos, lo que sé es que pueden llegar a ser muy malos (o muy buenos) porque pueden crear adicción y sobre todo, porque pueden crear expectativas, y ya se sabe que las expectativas, para quien pueda cumplirlas. Una mujer muy valiente escribió una vez que no hay que creer en la decepción, sino en la mala gestión de nuestras expectativas. Sí, lo sé, esa frase no tiene nada que ver con lo que aquí se está exponiendo, pero ambas tienen la palabra ‘Expectativa’ dentro de sí, y a mí siempre me ha hecho mucha gracia esa palabra.

Bueno. Cerramos telón.

Hoy, por ejemplo, me he levantado con uno de esos días de feminismo a rebosar, me he hecho un moño muy alto (porque se sabe que los moños que las chicas llevan en casa deben serlo), he tenido todo el día los pantalones de franela puestos (porque yo puedo ser solamente un 87% feliz si los llevo, es decir, los pantalones de franela son felicidad, y eso se sabe aquí y en la región que separa China de Mongolia pero de la que ninguno recordamos el nombre nunca), me he comprado un libro digital con el que sabía que esa felicidad crecería hasta un 90% por lo menos y me he tirado toda la tarde leyéndolo en la butaca de leer (porque hay que tener una para que un libro sea más libro, todo sea dicho). Luego me he hecho las uñas y me las he pintado de rojo, me he hecho un café, me he sentado delante del ordenador, he puesto la lista de spotify muy bajito para que las ideas sonasen más fuerte que las ganas de cantar y ha sonado ‘Never saw a blue like that’ de Shawn Colvin https://www.youtube.com/watch?v=hQr2PKTROT8 (Si esto no es un día perfecto, que venga ese tal día perfecto a decírmelo a la cara). Y a pesar de hacer en menos de 12 horas todo lo que normalmente me hace feliz, después, ha llegado uno de esos detalles insignificantes que te crean adicción y expectativas, solo ha sido un momento, lo que he tardado en desbloquear el móvil, y me he dado cuenta de que ese momento me ha hecho más feliz que levantarme todos los días con tiempo para disfrutar del café de por la mañana (y ya es decir).

Sí, por un momento yo también he creído en esos pequeños momentos perfectos, pero solo el microsegundo que ha durado eh, que no se diga. Luego me he ido a plantearme que esos furcios han venido de parte de otro ser vivo… y he pensado que a nosotros, que a veces también lo somos, tampoco se nos debería olvidar crearlos, porque está muy bien recibir detalles cada día, pero tú también puedes ser el detalle de cada alguien.

He tenido un momento de flaqueza, yo lo asumo con todas las consecuencias; pero recordad que tenemos que tener la mente fría (‘cabeza alta y paso corto’ JAJAJAJAJAJA) (no, en serio, es que me hace mucha gracia esa frase), ellos (los detalles) nos conocen, son unos pequeños hijos de perra y pueden ser más malvados que los ingratos de carbono después de las 7 de la tarde. Hablando de ingratos… eso lo dejo para otro día.

Ahora es cuando hago de youtuber y os digo que si os ha gustado esta cosa que he escrito, podéis pinchar arriba a la izquierda, pulsar +Seguir y cada vez que publique Post me follaré vuestra bandeja de entrada del correo electrónico (QUE ERES UNA SEÑORITA, MC) os llegará un correo diciendo que he publicado cualquier chorrada.

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